Cuando me abrían la puerta, yo tenía que espetarle rápidamente con la mejor de mis sonrisas seductoras aquello de: "Señora (era aconsejable que quien abriese fuese una mujer) ¿no conoce aún nuestro producto estrella Abre- cantos? Logra un bronceado perfecto, sin marcas, aún ahí... donde no pega el sol. Seguro que ya tiene preparado el bikini para este verano y ha empezado a hacer dieta para mejorar aún más su figura?" Cuando intentaba meter palabra, yo cntinuaba con la berborrea: "... Y a pesar de todos los preparativos, aún no ha adquirido el producto Abre -cantos, ¿me equivoco? Si lo desea le hago ahora mismito la demostración". A esta altura ya la tenía rendida a mis pies (o pezuñitas) con sólo pestañearle sucesivamente con mi mirada seductora. Así que en menos que canta un gallo ya estaba yo en el salón de su casa y ella bocaabajo en el sofá, siguiendo mis instrucciones, con sus braguitas bajadas, el culo mirando a Cuenca (que también existe como Teruel) y yo colocándoles el producto, no sin antes haberle realizado un delicado masaje.
Vender, lo que se dice vender, vendí poco en todo el año. Dos exactamente. Uno me lo quedé yo para las demostraciones, y otro le compré a mi novia por su cumpleaños.
Como comprenderéis, lo tuve que dejar. La venta a domicilio no era lo mío. Ahora estoy cobrando el desempleo, si lee esto algún empresario puede mandarme un email a ornitorrincoenparo@gmail.com



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Besos con lengua para ti