viernes, 12 de febrero de 2010

La joven Clara

Una vez conocí a una chica de la que guardo un grato recuerdo. Se llamaba Clara. Tenía una piel que hacía honor a su nombre, de pelo rubio y vello también. Yo supe de ella y sus favores a través de un amigo.

Por entonces éramos muy jóvenes, y la autoridad paterna pesaba como una losa. Su padre era un coronel retirado, con cinco hijos: cuatro varones y Clarita, la pequeña niña mimada y protegida por papá. Lo que él no sabía era las aventuras que se corría su nena junto al paredón que había detrás del instituto.

Para mí era una diosa inaccesible. Nunca encontré la ocasión de poder acercarme a ella y mantener una conversación normal que no fuese el "hola... ¿tienes los apuntes de Física?". Clara era muy selectiva con los chavales, y yo era un tanto feucho lleno de espinillas, siempre con el pico irritado...

Un día me armé de valor y le entregué una carta bien dobladita, a la salida de clase. Ella me miró como a un bicho raro -que lo soy-, y me escupió aquella frase: "¿tú no será un poeta de esos?, jajaja". No sé qué es lo que me sentó peor, que me llamara poeta, que dijera "de esos" (con un desprecio total) o que se riese de mí a carcajadas.

Lo cierto es que la carta cayó en poder de su padre -cosa que yo no descartaba-, y quiso enseguida conocerme para ofrecerme la mano de su hija. Ella, por su parte cayó rendida a mis pezuñitas después de leerla. Acerté de pleno en sus gustos. Aposté fuerte y gané.

Reproduzco aquí la carta:

Estimada señorita:

Son de tal magnitud mis deseos de for-
malizar mis relaciones con Ud. que gozo en comu-
nicarla a todas horas del día, que daría mi po-
bre corazón, perturbado ante una joven tan be-
lla, por dar gusto a mis grandes y poderosos co-
nocimientos que se ven atravesados por agui-
jones. He sido informado de que Ud, es tan pu-
ra así como amable, modesta simpática, y boni-
ta, que espero que no oponga resistencia a mi na-
tural carisma, mi gallarda presencia y mi gar-
bo, que es capaz de destrozar el más fuerte co-
razón, que sienta tan sólo un leve y mínimo cari-
ño. Esperando a unirnos sentimentalmente y pre-
ferentemente sin más demora, permítamen acompa-
ñarla a la hora y sitio que Ud. tenga por gusto.

Un admirador.


Clara, como era una mala lectora, sólo leyó entre líneas: una sí y otra no.

(ACLARACIÓN: esta carta está tomada de un correo que circula por Internet, y sobre ella he construido la historia.)

viernes, 5 de febrero de 2010

No se me levanta sin ti



Me he dado cuenta que estoy más enganchado de lo que creía. No paro de pensar en ella, de día y de noche más. He intentado buscar placeres en animales de todas las especies, tamaños y formas, pero por más que lo intento no se me levanta. Me falta ella, sólo pienso en ella. La deseo tanto, tanto... Jamás pensé que un bicho como yo llegara a encoñarse de esa manera.

Ella, ella ella... me inspira todo un mundo de placeres desenfrenados. Ardo en deseo con su sólo pensamiento: su cuerpo. Sus pechos turgentes, sus caderas anchas, su boca pecaminosa, su sexo húmedo y cálido, preparado, dispuesto a recibirme... ¿Recibirme...? ¡Despiertaaa, imbecil...!

Voy a tener que dejar estas pastillas para la gripe aviar. Debo volver a la realidad: nunca se fijará en mí.

Jo! este amor adolescente que me hace caer de cabeza en el onanismo del cuarto de baño.

Bueno, ¿qué? ¿no estáis pensando que qué pinta el fantasma en todo esto?

Fantasma es ella, que se deja cortejar, me deja con la miel en los labios, me cuenta historias eróticas... pero no me toma en serio.

Fantasma soy yo, que me escudo en la ironía y no soy capaz de ofrecerle mi amor incondicional sin tapujos.

Fantasma es esta relación que no llegará a buen puerto.

No, muñeca, no se me levanta sin ti.