lunes, 15 de marzo de 2010

Yo fui vendedor

Hace un año por estas fechas, aproximadamente, me dediqué a la venta a domicilio. Mi misión consistía en llamar a la puerta de un domicilio particular y ofrecerle mi producto, que se preveía muy demandado de cara al verano. El artículo en cuestión se llamaba "Abre- cantos" y consistía en una especie de carrete de bobina de hilo, y con un tamaño similar a éste.

Cuando me abrían la puerta, yo tenía que espetarle rápidamente con la mejor de mis sonrisas seductoras aquello de: "Señora (era aconsejable que quien abriese fuese una mujer) ¿no conoce aún nuestro producto estrella Abre- cantos? Logra un bronceado perfecto, sin marcas, aún ahí... donde no pega el sol. Seguro que ya tiene preparado el bikini para este verano y ha empezado a hacer dieta para mejorar aún más su figura?" Cuando intentaba meter palabra, yo cntinuaba con la berborrea: "... Y a pesar de todos los preparativos, aún no ha adquirido el producto Abre -cantos, ¿me equivoco? Si lo desea le hago ahora mismito la demostración". A esta altura ya la tenía rendida a mis pies (o pezuñitas) con sólo pestañearle sucesivamente con mi mirada seductora. Así que en menos que canta un gallo ya estaba yo en el salón de su casa y ella bocaabajo en el sofá, siguiendo mis instrucciones, con sus braguitas bajadas, el culo mirando a Cuenca (que también existe como Teruel) y yo colocándoles el producto, no sin antes haberle realizado un delicado masaje.

Vender, lo que se dice vender, vendí poco en todo el año. Dos exactamente. Uno me lo quedé yo para las demostraciones, y otro le compré a mi novia por su cumpleaños.

Como comprenderéis, lo tuve que dejar. La venta a domicilio no era lo mío. Ahora estoy cobrando el desempleo, si lee esto algún empresario puede mandarme un email a ornitorrincoenparo@gmail.com



viernes, 12 de febrero de 2010

La joven Clara

Una vez conocí a una chica de la que guardo un grato recuerdo. Se llamaba Clara. Tenía una piel que hacía honor a su nombre, de pelo rubio y vello también. Yo supe de ella y sus favores a través de un amigo.

Por entonces éramos muy jóvenes, y la autoridad paterna pesaba como una losa. Su padre era un coronel retirado, con cinco hijos: cuatro varones y Clarita, la pequeña niña mimada y protegida por papá. Lo que él no sabía era las aventuras que se corría su nena junto al paredón que había detrás del instituto.

Para mí era una diosa inaccesible. Nunca encontré la ocasión de poder acercarme a ella y mantener una conversación normal que no fuese el "hola... ¿tienes los apuntes de Física?". Clara era muy selectiva con los chavales, y yo era un tanto feucho lleno de espinillas, siempre con el pico irritado...

Un día me armé de valor y le entregué una carta bien dobladita, a la salida de clase. Ella me miró como a un bicho raro -que lo soy-, y me escupió aquella frase: "¿tú no será un poeta de esos?, jajaja". No sé qué es lo que me sentó peor, que me llamara poeta, que dijera "de esos" (con un desprecio total) o que se riese de mí a carcajadas.

Lo cierto es que la carta cayó en poder de su padre -cosa que yo no descartaba-, y quiso enseguida conocerme para ofrecerme la mano de su hija. Ella, por su parte cayó rendida a mis pezuñitas después de leerla. Acerté de pleno en sus gustos. Aposté fuerte y gané.

Reproduzco aquí la carta:

Estimada señorita:

Son de tal magnitud mis deseos de for-
malizar mis relaciones con Ud. que gozo en comu-
nicarla a todas horas del día, que daría mi po-
bre corazón, perturbado ante una joven tan be-
lla, por dar gusto a mis grandes y poderosos co-
nocimientos que se ven atravesados por agui-
jones. He sido informado de que Ud, es tan pu-
ra así como amable, modesta simpática, y boni-
ta, que espero que no oponga resistencia a mi na-
tural carisma, mi gallarda presencia y mi gar-
bo, que es capaz de destrozar el más fuerte co-
razón, que sienta tan sólo un leve y mínimo cari-
ño. Esperando a unirnos sentimentalmente y pre-
ferentemente sin más demora, permítamen acompa-
ñarla a la hora y sitio que Ud. tenga por gusto.

Un admirador.


Clara, como era una mala lectora, sólo leyó entre líneas: una sí y otra no.

(ACLARACIÓN: esta carta está tomada de un correo que circula por Internet, y sobre ella he construido la historia.)

viernes, 5 de febrero de 2010

No se me levanta sin ti



Me he dado cuenta que estoy más enganchado de lo que creía. No paro de pensar en ella, de día y de noche más. He intentado buscar placeres en animales de todas las especies, tamaños y formas, pero por más que lo intento no se me levanta. Me falta ella, sólo pienso en ella. La deseo tanto, tanto... Jamás pensé que un bicho como yo llegara a encoñarse de esa manera.

Ella, ella ella... me inspira todo un mundo de placeres desenfrenados. Ardo en deseo con su sólo pensamiento: su cuerpo. Sus pechos turgentes, sus caderas anchas, su boca pecaminosa, su sexo húmedo y cálido, preparado, dispuesto a recibirme... ¿Recibirme...? ¡Despiertaaa, imbecil...!

Voy a tener que dejar estas pastillas para la gripe aviar. Debo volver a la realidad: nunca se fijará en mí.

Jo! este amor adolescente que me hace caer de cabeza en el onanismo del cuarto de baño.

Bueno, ¿qué? ¿no estáis pensando que qué pinta el fantasma en todo esto?

Fantasma es ella, que se deja cortejar, me deja con la miel en los labios, me cuenta historias eróticas... pero no me toma en serio.

Fantasma soy yo, que me escudo en la ironía y no soy capaz de ofrecerle mi amor incondicional sin tapujos.

Fantasma es esta relación que no llegará a buen puerto.

No, muñeca, no se me levanta sin ti.

miércoles, 27 de enero de 2010

Yo fui chico Playboy


Bueno, chico, lo que se dice chico, no: "Ornitorrinco Playboy".

Todo fue a raíz de mi participación en un reality show de una cadena extranjera. Allí me hice famoso y al volver aquí, mi manager, me aconsejó aceptar una sesión de fotos para una revista. Una cosa llevó a la otra... Y así fue cómo me convertí en "Ornitorrinco Playboy".

¡Dios! cómo ligué desde que salí en portada. Me llamaron a todos los platós de televisión; los "paparachis" apostados en la entrada de la urbanización y en la puerta de mi casa, buscando la foto robada, las declaraciones de última hora; las chicas se me pegaban como moscas.

Tuve un affaire con una modelo. Ella decía que le daba un morbo... con sólo hablar conmigo por teléfono ya se ponía a jadear, mientras yo abría los ojos sin comprender cuál era mi encanto oculto, ¿sería mi cartera que por aquel entonces estaba bastante abultada? porque por otra clase de bulto no creo que fuese. ¡Que no es para tanto, que yo me conozco!

Nuestro romance duró lo que la dureza de mi cartera. Y eso que yo era también duro, en otro sentido de la palabra. No es que sea tacaño, pero que me lo pienso un poquito antes de gastarme un euro en una memez: que si llévame a cenar, que si este hotel no es de cinco estrellas y no me gusta esta suite, que si el descapotable del mes pasado ya no me gusta tampoco...

La última vez que follamos, ¿se puede decir así? lo digo para no desmerecer el champán con el que brindamos antes de romperle las tirantillas del vestido de noche a mordiscos. Un champán caro, carísimo, con el que acompañamos el caviar que nos subió el camarero a la habitación.

La tumbé sobre la cama con la fuerza animal que me caracteriza, mientras mi pico acariciaba sus más íntimas profundidades marinas, mi cola masajeaba y palmeaba su trasero. (Sé que la postura es un poco contorsionista, pero ¡si yo les contara la de cosas que sé hacer con mi cuerpo...!) Eso le gustaba mucho o, al menos, así me lo hacía saber:

-Eres mi hombre, ahora, poseeme como a una perra.

Yo siempre la corregía sobre su confusión con respecto al reino animal:

-Querida, ni yo soy un hombre, ni tú una perra-. A veces no me dejaba ni acabar la frase.

Aquella noche fue una de esas en que no me dejó acabar la frase. Ella ya tenía preparada su acometida, mientras me rozaba el pecho con su tanguita:

-Orni, querido, mañana necesito tu chequera firmada a primera hora para...

-Lo siento, chochito, (¿se puede decir así? lo digo para no desmerecer el anillo de brillantes que intentaba en ese momento quitarle del dedo, para que no me arañase con él) pero me he quedado sin blanca porque...

No me dejó acabar la frase, la muy guarra. Cerró el puño para no dejar escapar el anillo, cogió fuertemente el tanga, se enfundó el vestido, se calzó sus tacones de agujas, bebió un sorbo de champán y me dijo, la muy zorrona:

-Fue bonito mientras duró-, y salió de la habitación dando un portazo. Me dejó con dos palmos de erección y el pico abierto sin terminar de salir de mi asombro.

Nunca más supe de ella, me quitó mi cartera y mi orgullo de ornitorrinco. La muy...

sábado, 23 de enero de 2010

Chat caliente: "Chico_Ansioso"

Anoche estuve chateando con el nick "Chico_Ansioso", porque así me sentía. Hablé un rato con "gatita_ ardiente", que me puso a cien, hasta que entró el marido y se acabó lo que se daba.

Después, contacté con "No_veas_como_estoy". Estuvimos chateando como media hora. Yo tenía una urgencia, mis pezuñas echaban fuego en el teclado y mis ojos, chispas. Me dijo que le enseñara la parte más dura de mi cuerpo. Así me lo indicó, en negrita y en cursiva. Yo dudé un momento, me miré hacia abajo, entre mis patas... finalmente, encendí mi webcam y le enseñé... mi pico. Casi se desmaya la muy tonta poniendo cara de asco. ¡Yo es que cada vez entiendo menos a las mujeres!

Pero serían las dos de la mañana cuando entró en el chat "Mujer_Natural". Yo, como comprenderéis, quería ir al grano. Mi miembro estaba a punto de estallar, ya no podía más y no quería masturbarme yo solito sin nadie que me enseñara sus encantos y humedades. Así que inicié esta conversación que os muestro en las imágenes que hice con un capturador de pantalla:
















viernes, 22 de enero de 2010

Gripe aviar: aviso sanitario

Yo fui cartero

Durante un tiempo trabajé de cartero, ya sabéis, repartiendo cartas.

Ya la gente no escribe cartas de amor y desamor. Aquellas parejas que se escribían en la distancia: te quiero, cuánto te echo de menos, te comería todo, me muero de ganas de estar junto a ti, escapémonos juntos... amores prohibidos, cartas eróticas donde narrar aquellas fantasías que jamás se realizarían.

Sólo repartía cartas de bancos, de empresas que quieren convencerte de que su producto es lo que a ti te conviene, lo que tú necesitas para ser feliz.

Yo, como buen animal, me presentaba en algunos domicilios, en los que ya conocía a sus inquilinas, como El Hotmail que presta servicios adicionales. Les prometo que era muy, pero que muy, bien recibido con las puertas y las piernas abiertas. Así las trampas (hipotecas, letras del coche, etc.) se suavizaban cuando me veían venir con la carta en una mano y el miembro Hot, en la otra.

Mi segundo gatillazo

Este fue mi segundo gatillazo. El primero, mejor os lo cuento otro día.

jueves, 21 de enero de 2010

Mi álbum de fotos

Cuando era un bebé

De joven, orgulloso y conquistador



De experto en el arte de la seducción y el sexo salvaje

¿Quién soy?

Este soy yo, un animal por dentro y por fuera. Que el que avisa, no es traidor.